Cuando Jesús María estaba joven, ya en edad de enamorarse, invitó a una jovencita al parque (y a sus amigas, por supuesto), para las celebraciones del Santo Patrón de Jacagua, San Bartolo. En esa época la gran novedad era... el hielo!!! Recién había llegado el hielo al pueblo y todo el mundo había esperado con ansias las fiestas patronales pues nació el “yun-yun”, que - para aquellos que no saben lo que es - no es más que hielo guallado con un syrop saborizante con color. Sin embargo, había una ligera variación respecto al “yun-yún” que hoy conocemos: el “yun-yunero” te lo servía en la mano en vez de usar un vaso desechable (a lo mejor no habían llegado los vasos desechables al pueblo!). Pues mi tío muy galante le brindó a las muchachas, siendo él quien fuera servido al final.
“Mire Doña” – le contaba a mi mamá – “cuando ese señor me puso ese asunto en la mano, yo sentí que ese frío se me metió jata el hueso y me subió chín a chín a tó el largo del brazo, me fue agarrando el pecho, el cuello y finalmente la cabeza. Sin que las muchachas se dieran cuenta, me averé poco a poco y solté el yelo ese, me volé la malla y no sé ni cómo fue que llegué a mi casa”. Vale decir que al llegar a su habitación, se encerró sin salir ni siquiera al baño... por CUARENTA Y UN DÍAS!! ... según él “sudando el mal que se le metió entre los huesos”, arropado con una “friza”. Mi mamá, preocupada, le pasaba comida y agua por debajo de la puerta, que en las casas de los campos usualmente no están al mismo nivel del piso.
Siempre llevaba gafas oscuras; hasta pensé que era bizco, hasta que escuché el comentario de que mi tío era "tuerto", aunque no sabía el significado de esa palabra. Nadie se atrevía a preguntarle qué le pasó en el ojo, pues todo el que había tenido la osadía de hacerlo, había sido insultado por Jesús María y, en ocasiones, hasta había dejado de dirigirle la palabra al "atrevido". Al ver que esto era algo que le molestaba tanto, los muchachitos del lugar se deleitaban en gritarle "tuerrrrtooooooo" y salir corriendo, entonces esconderse donde pudieran verlo echar chispas, rayos y centellas, amenazando con comerce a los "carajitos de mierda". En ocasiones, hasta llegó a tirarle piedras!
Mi mamá le pregunta: "usted cree que si alguien a mi me dice que soy negra, yo me debo poner brava?"; él respondió que no. "porque yo SOY de piel oscura, y no lo puedo ocultar ni ofenderme por algo que es la pura realidad, verdad?"; mi tío asintió sin entender. "pues de igual manera, si a usted alguien le dice tuerto, por qué se tiene que poner bravo y hacer esa rabieta de mal gusto? usted bien sabe que usted ES TUERTO!". Sorprendentemente, no se disgustó con mi mamá ni hizo ningún comentario, solamente asintió con la cabeza... y procedió a contarle cómo fue que perdió el ojo derecho.
Un amigo le dijo, en son de broma, "te apuesto a que le atino a lo que sea con este tira-piedras". Pues mi brillante tío se paró detrás de un árbol, y apostó con él a que no le atinaba a su ojo derecho si él sacaba la cabeza rápidamente; pues justo cuando Jesús María asomó la cabeza, su amigo disparó. Lamentablemente perdió la apuesta... y el ojo. No se le pudo ocurrir, por lo menos, una manzana sobre la cabeza?!
Jesús María no sabía leer ni escribir; todo se lo preguntaba a mami, a quien consideraba una "biblia". La ignorancia de mi tío alcanzaba límites inimaginables y para él todo tenía una explicación sobrenatural.
Luego mis padres se mudaron y perdieron contacto con Jesús María por mucho tiempo, hasta que enfermó; mami al enterarse salió como un rayo a buscarlo, lo llevó a nuestra casa y lo cuidó hasta su último día. De esa estadía hay miles de anécdotas que más adelante quisiera retomar.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario