lunes, 18 de enero de 2010

Inicia un común denominador de nuestras generaciones: hermanas que más diferentes no pueden ser

Rafaela, en honor a Rafael Leonidas Trujillo, el Generalísimo. Glup.

El segundo nombre, Deyaniris… no me pregunten de dónde rayos lo sacaron, porque ni mami tiene la más remota idea.

Tremenda monería con el aborto criado. Todos los gustos, que no corra, que no se moje, que no llore. De todas formas, no podía correr. Por sus circunstancias al nacer, sus huesos tenían ciertas deficiencias, podían romperse fácilmente. No tenía puente en los pies, se caía tan fácil como el palo de una escoba acorado de la pared. Así que en la escuela casi no hizo amiguitos, se dedicaba a leer, siempre tranquilita en su esquina.

Un año más tarde, la cigüeña le trajo una hermanita. Eligia. Nació saludable y fuerte, sin problema alguno. Incansable, da mal carácter, terca, traviesa. Se peleaba con los amiguitos, jugaba con los varones, montaba a caballo, se escapaba de la casa para bañarse en el río, no le gustaba estudiar. No podían ser más diferentes.

Aun hoy, más diferentes no pueden ser.

jueves, 7 de enero de 2010

Uff!! Por poco y no existo!

La primogénita. Un embarazo muy difícil. Algo más de seis meses de gestación, mi abuela tomaba una siesta a media tarde; de repente, alguien grita: “FUEGO!!”… si abuela, de un salto, despierta asustada, desorientada, sofocada.

El fuego era la casa del frente. El susto le hizo entrar en labor y fue llevada de urgencias al hospital. Al extraer el feto, no parecían reflejarse sus signos vitales, el médico lo declaró no viable.

La enfermera a cargo quiso “preparar” la criatura para que estuviese presentable al llegar los familiares a recogerlo para el velatorio. Ya el galeno le había ordenado deshacerse del producto, pero la enfermera quiso tener un gesto de delicadeza con Don Pablito, quien le había conseguido ese empleo por ser muy buen amigo del doctor.

Mientras estaba en esas faenas, le pareció notar que respiraba. Pensó que era su imaginación, pero prestó más atención. Efectivamente, respiraba! Tomando un trozo de algodón, lo humedeció en suero y lo coloca en la boca del feto. La criatura mueve los labios, trata de chupar… es un hecho, hay vida.

Varios meses en incubadora… mi madre es un aborto criado.

Don Pablito y Dona Mima

De origen haitiano, ingeniero civil de profesión, Don Pablito era un hombre muy correcto, justo y noble; conversador, juicioso y razonable. Dedicado a su familia trabajador. Reservado y cuidadoso. De tez negra como la noche. De alma blanca como la leche. Así es como lo imagino cuando pienso en mi abuelo materno.

Por su lado, Dona Mima... de padres espanoles, personalidad alborotada, algo escandalosa, exagerada, amante de los deportes, los negocios y las apuestas. Atrevida, irreverente, impaciente, fiestera. No entiendo como hicieron pareja por tanto tiempo!

Me cuenta mi madre que en la temporada de pelota, mi abuela era insoportable. Toda su atención era para el béisbol (igual que la monguis!). Mami dice que físicamente yo soy quien más se parece a ella, aunque ella era blanca y de pelo negro, pero se refiere a las facciones de la cara y estructura del cuerpo. En la forma de ser, no deja de sorprenderle cuánto se parece a ella mi hermana mayor, la monguis...

Ser funcionario público en la dictadura de Trujillo, estando en desacuerdo con el régimen, no debió ser nada fácil. Don Pablito trabajaba en construcción de carreteras. La familia se mudaba constantemente, dependiendo del proyecto de ese momento.

Cuánto me hubiese gustado conocer a mis abuelos maternos. Lamentablemente no se conservan fotos de ellos :(

viernes, 4 de diciembre de 2009

Mi padre, El Charro.

Mi padre, por su parte, era el menor de los varones de su familia. Al parecer era el consentido. Su familia era de muy buen nombre en la comunidad de Jacagua. Recuerdo haber escuchado en múltiples ocasiones personas refiriéndose a mí y a mi hermanita como “las hijas del Charro”. El Charro era como conocían a papi, quien se mostraba muy orgulloso de que lo llamaran de tal forma.

No hace tanto que por fin descubrí lo que significaba ese mote. Según mi mejor entender, un charro en esos tiempos era un mozo de buen porte, muy mujeriego y fiestero. Perfectamente mi mente podría encajar a papi en ese papel!

Según contaba mi papá, siendo apenas un adolescente lo obligaron a casarse porque “deshonró a una joven de familia”. De esa unión nacieron cuatro hijos: Reyna, Juan Pablo, Nancy y Romelia, en ese mismo orden.

Mi tía Rosa y mis primos...

También estaba mi tía Rosa, a quien conocí pero cuyo rostro inexplicablemente me es imposible recordar, por mas que lo intente. Me resulta tan difícil de entender que pueda recordar la apariencia física de todos mis demás tíos paternos (incluyendo a tío Frank, a quien creo haber visto quizás dos veces en mi vida por no más de cinco minutos cada vez), pero no a Tía Rosa, a quien visitaba con mi padre frecuentemente. De ella siquiera referencia mental puedo recolectar. Sin embargo, yo visitaba su casa cuando pequeña y es la única de los hermanos de mi padre que tuvo hijos, primos con quienes compartía mucho cuando visitaba a mi abuela paterna pues vivían en la casa del lado y mi papa incluso me permitía quedarme algunos fines de semana. Lo que sí recuerdo es que era una señora muy amable, pero siempre estaba enferma.

Rosa tuvo cinco hijos: Miguelina (Gela), Ramiro, Adalberto, Emilio y Olga, en orden de mayor a menor. Olga, la menor, es 3 años mayor que yo, siempre nos llevábamos de maravilla y nos hicimos cómplices y compañeras de juegos. Rosa falleció a causa de cáncer de pulmón que le hizo sufrir durante un largo tiempo. Para entonces Olga tenía 12 años, y la pérdida de su madre a tan temprana edad se reflejó en su conducta y en su relación con los demás miembros de su familia, particularmente con su padre y hermana mayor; se convirtió en una pre-adolescente desorientada, rebelde, respondona, todo tratando de llamar la atención; sin embargo nuestra relación de primas y amigas se fortaleció en esos momentos. Debido a los problemas familiares que enfrentaba Olga, se la llevaron a vivir a mi casa, por insistencia de mi madre, quien hasta el día de hoy se da a la tarea de recoger y llevarse a su casa toda alma en pena que necesita un retiro para encausar su vida. La estadía de Olga en mi casa – al igual que la estadía de todos los personajes que con el tiempo pasaron por ella - es digna de un post aparte, por lo que mas adelante volveré a tocar este tema.

Mi prima Miguelina siempre ha sido sobrada de carnes, extremadamente risueña, presta para opinar y descartar con ligereza las opiniones de los demás. Nunca nos agradamos, no por ninguna razón en particular. Cuando Olga se fue a mi casa, ambas hermanas dejaron de dirigirse la palabra luego de una discusión. Por casi diez años no se hablaron estas hermanas. Nunca pude descubrir la razón de la enemistad, hasta el día de hoy es un misterio para mi.

Con mi primo Ramiro no compartí mucho. Todos siempre decían que era idéntico a mi papa, cuando mi padre tenía su edad. Lamentablemente Ramiro falleció en un accidente automovilístico hace ya mucho tiempo.

Adalberto era de tez clara, chaparro, flacucho, simplón, con un millón de espinillas en la cara y siempre de buen humor. Siempre era agradable estar en su compañía. Era el hermano favorito de Olga, y por ende mi favorito también.

Emilio, por su lado, me parecía ser el menos avispado. Con el tiempo me di cuenta de que me había equivocado. Suficientemente avispado, no me cabe la menor de las dudas. Respecto a Emilio también tengo cosas para contar; voluntariamente perdí el contacto con él.

Sobre la relación entre Olga y yo hay tantas cosas qué contar; y es que al ser ella unos pocos años mayor, fue mi punto de referencia para tantas cosas, las cuales por supuesto más adelante contaré.

sábado, 23 de mayo de 2009

Esperando...

He estado esperando por mi hermana mayor, Niurka (cariñosamente, la mongis), quien quedó de proporcionarme ciertas memorias respecto a mis tíos paternos... como siempre, la mongis se entretuvo en otra cosa y me "subió los vidrios". Pero nada, ya tendré que retomar el tema más adelante, porque hay muuuuucho que contar sobre mis tíos paternos, especialmente Jesús María, quien se caracterizó por ser algo "salvaje".

lunes, 30 de marzo de 2009

La modesta catequista

Casi en todas las familias hay una tía “jamona”. Pues en mi familia esa era tía Modesta. Mujer bondadosa y de la iglesia; siempre vestida de luto, con una falta amplia y larga. Era la catequista de la comunidad y mano derecha del padre. Recuerdo cuando me obligaron a ir al catecismo, cada domingo… qué aburrido! Por supuesto que mi tía esperaba que yo fuera la pupila perfecta.

Casi a los cincuenta años se le ocurrió casarse con señor de casi ochenta. La noticia corrió de boca en boca en un santiamén; todos estaban muy emocionados con la noticia, pues nunca se les había ocurrido que tía Modesta algún fuera de dejar de ser “jamona”!
Fue una boda pequeña y sin mucho alboroto.

Lamentablemente, al siguiente día, el flamante esposo sufrió un ataque cardiaco y falleció. Mi tía solo duró unas cuantas horas de casada, pero fue suficiente para quitarse la etiqueta de “jamona” desde ahí y para siempre!