También estaba mi tía Rosa, a quien conocí pero cuyo rostro inexplicablemente me es imposible recordar, por mas que lo intente. Me resulta tan difícil de entender que pueda recordar la apariencia física de todos mis demás tíos paternos (incluyendo a tío Frank, a quien creo haber visto quizás dos veces en mi vida por no más de cinco minutos cada vez), pero no a Tía Rosa, a quien visitaba con mi padre frecuentemente. De ella siquiera referencia mental puedo recolectar. Sin embargo, yo visitaba su casa cuando pequeña y es la única de los hermanos de mi padre que tuvo hijos, primos con quienes compartía mucho cuando visitaba a mi abuela paterna pues vivían en la casa del lado y mi papa incluso me permitía quedarme algunos fines de semana. Lo que sí recuerdo es que era una señora muy amable, pero siempre estaba enferma.
Rosa tuvo cinco hijos: Miguelina (Gela), Ramiro, Adalberto, Emilio y Olga, en orden de mayor a menor. Olga, la menor, es 3 años mayor que yo, siempre nos llevábamos de maravilla y nos hicimos cómplices y compañeras de juegos. Rosa falleció a causa de cáncer de pulmón que le hizo sufrir durante un largo tiempo. Para entonces Olga tenía 12 años, y la pérdida de su madre a tan temprana edad se reflejó en su conducta y en su relación con los demás miembros de su familia, particularmente con su padre y hermana mayor; se convirtió en una pre-adolescente desorientada, rebelde, respondona, todo tratando de llamar la atención; sin embargo nuestra relación de primas y amigas se fortaleció en esos momentos. Debido a los problemas familiares que enfrentaba Olga, se la llevaron a vivir a mi casa, por insistencia de mi madre, quien hasta el día de hoy se da a la tarea de recoger y llevarse a su casa toda alma en pena que necesita un retiro para encausar su vida. La estadía de Olga en mi casa – al igual que la estadía de todos los personajes que con el tiempo pasaron por ella - es digna de un post aparte, por lo que mas adelante volveré a tocar este tema.
Mi prima Miguelina siempre ha sido sobrada de carnes, extremadamente risueña, presta para opinar y descartar con ligereza las opiniones de los demás. Nunca nos agradamos, no por ninguna razón en particular. Cuando Olga se fue a mi casa, ambas hermanas dejaron de dirigirse la palabra luego de una discusión. Por casi diez años no se hablaron estas hermanas. Nunca pude descubrir la razón de la enemistad, hasta el día de hoy es un misterio para mi.
Con mi primo Ramiro no compartí mucho. Todos siempre decían que era idéntico a mi papa, cuando mi padre tenía su edad. Lamentablemente Ramiro falleció en un accidente automovilístico hace ya mucho tiempo.
Adalberto era de tez clara, chaparro, flacucho, simplón, con un millón de espinillas en la cara y siempre de buen humor. Siempre era agradable estar en su compañía. Era el hermano favorito de Olga, y por ende mi favorito también.
Emilio, por su lado, me parecía ser el menos avispado. Con el tiempo me di cuenta de que me había equivocado. Suficientemente avispado, no me cabe la menor de las dudas. Respecto a Emilio también tengo cosas para contar; voluntariamente perdí el contacto con él.
Sobre la relación entre Olga y yo hay tantas cosas qué contar; y es que al ser ella unos pocos años mayor, fue mi punto de referencia para tantas cosas, las cuales por supuesto más adelante contaré.
viernes, 4 de diciembre de 2009
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Qué bueno que volviste a postear, y qué excelente regreso. Sigues mostrando que tu familia está llena de vericuetos y cosas interesantes! Me recuerda tanto mi propia historia, con mi padre...
ResponderBorrarSigue escribiendo!