Casi en todas las familias hay una tía “jamona”. Pues en mi familia esa era tía Modesta. Mujer bondadosa y de la iglesia; siempre vestida de luto, con una falta amplia y larga. Era la catequista de la comunidad y mano derecha del padre. Recuerdo cuando me obligaron a ir al catecismo, cada domingo… qué aburrido! Por supuesto que mi tía esperaba que yo fuera la pupila perfecta.
Casi a los cincuenta años se le ocurrió casarse con señor de casi ochenta. La noticia corrió de boca en boca en un santiamén; todos estaban muy emocionados con la noticia, pues nunca se les había ocurrido que tía Modesta algún fuera de dejar de ser “jamona”!
Fue una boda pequeña y sin mucho alboroto.
Lamentablemente, al siguiente día, el flamante esposo sufrió un ataque cardiaco y falleció. Mi tía solo duró unas cuantas horas de casada, pero fue suficiente para quitarse la etiqueta de “jamona” desde ahí y para siempre!
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)

No hay comentarios.:
Publicar un comentario